Hasta mitad del siglo pasado se definía la salud como “ausencia de enfermedad”. Sin embargo, a partir de 1946, la Organización Mundial de la Salud comienza a hablar de salud como el “estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Con este cambio, empezamos a interiorizar que no basta solo con no tener enfermedades, si no que es igualmente importante dedicar recursos y esfuerzos a alcanzar un nivel óptimo de bienestar.



